15 de noviembre de 2009

PARA ALGUNOS Y PARA TODOS...

Recuerdo que alguna vez me dijeron: “No importa que tanto lo intentes, nunca te vas a escapar de vos mismo”.
Existen diversas etapas en nuestras vidas en las cuales tenemos la oportunidad de vernos un poco más allá de nosotros, pero siempre desde nuestro lugar. Nunca vamos más allá… existe un límite invisible que nos rodea y nos marca el camino. Cuando uno intenta sobrepasar esos límites hay algo que se acciona y que nos dice: “hasta acá llegaste”.

Aprendí que nunca es bueno mirar a los demás hacia abajo, sino hacia los lados.
Aprendí que a pesar de que tengamos grandes títulos, no dejamos de ser “ignorantes diplomados” (gracias Macedonio).
Aprendí que hay algo en esta tierra que siempre va a estar presente. Siempre está de más, y es necesario chocarse con ella alguna vez: la pedantería.
Aprendí que los errores son vitales en nuestra existencia y que si bien de ellos se aprenden, a veces, es mejor escuchar a nuestros semejantes y evitarnos un desastre.
Aprendí lo que Newton al ver caer una manzana: todo lo que sube tiene que bajar (la vida misma se encarga de ello).
Aprendí que a pesar de que somos capaces de recorrer el mundo y ver todas sus maravillas, siempre se nos va a escapar una lágrima al ver nuestro hogar y a los nuestros.
Aprendí que siempre vamos a obtener nuevos conocimientos, pero que son inútiles si el olvido está primero.
Aprendí que todas las infinitas caretas que lleguemos a usar son degradables, pero que uno es eterno si sabe perdurar en los suyos.
Aprendí que la soledad es una consecuencia y no una causa.

Al fin y al cabo de todo se aprende algo. El quid de la cuestión es poner atención en el momento justo y siempre tener presente la moraleja que viene al final del cuento.

14 de octubre de 2009

¡CUIDADO!*

a tu paso está ella
se acerca poco a poco
sin piedad silenciosa rencorosa


hacé algo
lo que sea
pero no te cruces con ella
evitála
y si no podés:
PEDÍ PERDÓN
(ya sé no es fácil)


y si eso te resulta imposible
resígnate y entregá
esa mísera vida tuya


*Tengo que aclarar que a pesar de mis esfuerzos, blogger no acepta el espaciado que lleva el texto original.

19 de septiembre de 2009

CEMENTERIO


Cada vez que ingreso a este lugar, siempre me pregunto lo mismo: ¿para qué toda esta parafernalia? ¿Es necesario todo este derroche de material? Recuerdo que en mi familia era el paso obligado de los domingos a la mañana después de misa.
Mi viejo en su Chevrolet especial dorado me llevaba encerrado en un silencio inquebrantable. De vez en cuando se le escapaba una lágrima, y cuando lo veía me preguntaba el porqué de eso… Yo era uno de esos chicos que pensaba que los padres no lloran, que son inmunes a todo. Sin embargo, alguna que otra mañana de domingo, mi viejo lloraba y mi imagen de él (a mi pesar) se humanizaba.
Estábamos a unos pocos metros y, antes de entrar, comprábamos algunas flores: a veces eran calas, otras crisantemos, y otras, claveles… Si bien la flor variaba, el color siempre era blanco. Nunca le pregunté por que, pero supongo que por la paz, o algo así.
Una vez que teníamos las flores, empezábamos el camino. ¡Me costaban tanto esos tres escalones de la entrada! No tenían nada de especial. Eran tres escalones comunes y corrientes, sin embargo me pesaban… y mucho.
Una sola vez me animé a romper ese intenso silencio, y hablarle a mi viejo cuando estábamos entrando:
-Papá –dije con miedo.
Mi viejo frenó su marcha, bajó su mirada recia e imponente y me dijo:
-Cállese la boca. En este lugar guarde silencio. Muestre respeto.
Bajé la mirada y seguimos camino. Mi viejo con un dolor inmenso, y yo sin entender completamente la situación. “¿Respeto a qué?” era la pregunta que sonaba en mi cabeza.
Pasaron los años y ahora soy un hombre maduro. Entiendo un poco más a mi viejo. Él era una de esas personas a las cuales todavía les dolía la muerte, o la vida según como lo vea cada uno. Volví a este lugar y recorro sus pasillos olvidados: completamente vacíos, con flores secas destrozándose por una simple brisa, con miles y miles de lágrimas derrochadas en la nada, e infestado de signos religiosos que sólo significan muerte para mí.
No sé por qué volví, puesto que no pertenezco a este lugar y no pretendo pertenecer nunca. Aquí solamente hay fundas olvidadas que provocan miseria y enjugan lagrimales. Si uno tiene tiempo y recorre esos innumerables espacios encuentra lápidas pequeñas cuyas inscripciones ya no son legibles, mausoleos imponentes que demuestran el nivel económico de familias que a pesar de la muerte aún sienten esa necesidad inútil de gritar en silencio: ¡somos ricos y poderosos!
No pienso en términos de lo correcto e incorrecto, cuando estoy acá solamente siento… y ya no quiero sentir esto. No quiero acordarme de los que ya no tengo y pensar en todas esas preguntas que no les hice; ni tampoco hablarle de mi vida a un vacío que solamente es eso: un vacío. Prefiero olvidarme de todo esto, y aprovechar lo que tengo: este corazón que todavía sigue golpeando con fuerza, y que me lleva a seguir adelante.

8 de agosto de 2009

POSESIÓN

Como todas las mañanas después del desayuno salí a caminar por la ciudad. Portando mis cigarros enfilé mis pasos hacia el microcentro de la ciudad, allí siempre había algo para ver. Uno se puede deleitar con nuevos objetos que no necesita, pero como son agradables para la vista y resuelven ese impulso consumista que tenemos todos. Después de todo, seguramente vamos a estar a la moda. Todos saben que necesitamos un equipo de DVD, y si tenemos eso, necesitamos un televisor pantalla plana. Pero tiene que ser grande, de esos con gran definición… para alcanzar el “efecto cine”. Sino no… no vale la pena. Y si tengo eso, no puedo quedarme con el equipito de música viejo que me habían regalado para la navidad pasada… no, no. Me tengo que actualizar. Necesito el nuevo. Ése que tiene reproductor de MP3, con puerto USB y tarjeta de memoria, pero tiene que ser uno grande, para cuando haga alguna fiesta en casa. Porque si va gente tiene que tener una buena calidad y un volumen tremendo, como para que los vecinos se vuelvan locos, no solamente por el volumen sino también por la envidia… los va a comer. Ya me imagino las caras cuando descarguen en casa todas estas cosas.
De repente paré en una joyería. Me entretuve unos momentos mirando el brillo de esas cosas que estaban en vidriera. Los anillos, las pulseras, los relojes… todas esas cosas. De un momento a otro me imaginé con ese reloj genial que estaba allí, era de titanio, análogo y pude ver que tenía ese botón al costado para prender una lucecita que te permitía ver la hora en la oscuridad. Era genial. Me imaginé en un corte de luz atrapado en un cuarto con un montón de gente, y de la nada (y para que todos los vean) levanté mi muñeca izquierda, apreté ese botoncito y ¡Fiat Lux! Vi la hora con una sonrisa pícara en la cara, como sintiendo la envidia de todos los que estaban en ese cuarto, jajajajaja. De repente, sacándome de mi imaginación, un hombre elegantemente vestido que se encontraba a mi lado me dice:
- ¿Le gusta?
- ¿Perdón? –le contesté frunciendo el ceño
-Le preguntaba si le gusta el reloj –me dijo tranquilamente, demostrando una cara amable.
-Es lindo –contesté en un tono frío, intentando demostrar falta de interés.
-Está bien si le gusta. A nadie se lo puede juzgar porque algo le guste. A todos nos es agradable tener, POSEER–dijo esta última palabra resaltándola- las cosas que nos gustan.
Sintiéndome tocado por esa observación le contesté con un:
-Sí, supongo que sí.
-¿Supone? –me preguntó esto colocándome su cara frente a frente- Disculpe, no me presenté. Me llamo Adam Smith.
-Hola –le extendí la mano quedándome pensando en lo que me había dicho.
No pude evitar recordar todo lo que había imaginado hasta llegar a la joyería. El equipo de DVD, el televisor pantalla plana, el equipo de música y todo lo demás. Por un momento sentí una gran culpa y no sabía porque. Me sentí algo minúsculo, con una mente completamente influenciable. Como lo había hecho antes, Adam rompió mi encierro en mí mismo y me dijo:
-Me acuerdo una frase de un escritor estadounidense, Chuck Palahniuk. En una de sus novelas escribió: “Las cosas que posees terminan poseyéndote a ti”. Disculpe se me hace tarde. Lo tengo que dejar. Adiós.
Adam se fue, y me dejó completamente vacío.

21 de julio de 2009

RECORRIDO POR DESTINO


Era un día soleado, lo cual me hizo lamentar aún más tener que perder algunas horas en este lugar. Pero al fin y al cabo ya me encontraba aquí.Tal y como lo esperaba todo se encontraba asegurado. Había guardias en la entrada principal con un cuaderno que contenía los nombres de aquellos que podíamos ingresar y el motivo de dicho ingreso.

En ciertos ámbitos este lugar era muy conocido, aunque para el vulgo era ignorado casi en forma absoluta. Gracias a mi trabajo siempre debía cubrir eventos culturales y rodearme de artistas y otros que se creían tales, y fue por boca de un escultor, Rudy (verdadero artista), que conocí este lugar. Me lo mencionó con mucho temor. “Destino es mi destino” me dijo. Al principio lo creí una línea arrojada al aire… aunque después de charlar con alguien más me dijo que Destino era un manicomio muy particular. En Destino sólo ingresaban mentes brillantes que se hallaban fuera de camino. Artistas, científicos, empresarios y políticos de renombre formaban parte de Destino.
Me costó conseguir la nota, pero al fin y al cabo, el director de Destino me aprobó y me esperaba el día de hoy.
Me presenté con el guardia quien gentilmente me acompañó hasta la oficina correspondiente. Después de unos minutos el director se hizo presente, se realizaron los gestos de cortesía que hacen a la ocasión y me ofreció un recorrido por Destino aunque existía una condición: sin fotos ni grabaciones de ningún tipo. No me quedó otra opción más que aceptar y comenzamos el recorrido.
Había pocos pacientes aunque todos ellos eran importantes en su campo. Durante el recorrido reconocí a uno de los pacientes, que en su momento le solicité una entrevista que nunca fue respondida… Ahora veo la razón. Pasamos por un pequeño cuarto que estaba entre abierto. De la nada, salió corriendo un poeta, el famoso Alejandro Pizarro, quien me agarró de la campera con violencia y me dijo: “Esa mesa ridícula se hallaba repleta de pañuelos con fotos de ropa vieja en un mar de cuadernos”. Enseguida apareció el guardia que lo tomó por el cuello y llevó al cuarto nuevamente.
Al terminar el recorrido, y luego de múltiples explicaciones sobre los diversos tratamientos que ofrece el instituto, el director me dijo: “no se preocupe… siempre tenemos cuartos para mentes brillantes”. Haciendo caso omiso de esa última frase me retiré de Destino con un “hasta pronto”.

6 de junio de 2009

AMNESIA VÁLIDA



(un homenaje a Paul Auster)


La verdad es que no recuerdo nada. Todo se encuentra en una gran nebulosa que hace mi vida difícil. Lo único que puedo hacer es confiar en Bárbara. Ella es la única persona que conozco porque se presentó ante mí, de lo contrario sería otra extraña más en mi vida. De las charlas que ella y yo hemos tenido, pude saber que me llamo Mariano Pablo Santia, que vivía en un lugar llamado San Nicolás de los Arroyos, en la provincia de Buenos Aires, República Argentina (de alguna manera eso sí me lo acuerdo). Bárbara es una mujer poco interesante o al menos se hace ver de esa forma. Nunca construye mayor conversación que la necesaria. Quizá ésa sea la razón que hace aburridos nuestros encuentros.

Una sola vez tuvimos una conversación interesante. En esa ocasión se presentó con un libro en la mano cuyo título era “Viajes por el Scriptorium” y su autor, Paul Auster. Me lo entregó y me dijo: “Lea esto… le va a hacer bien”. Abrí el libro, y en la primera hoja vi un sello con todos los datos que mencioné anteriormente. Eso me llevó a preguntarle de quién era ese libro, a lo que me respodió: “Suyo, léalo tranquilo, que tiene anotaciones suyas. A lo mejor se conoce un poquito”. Procedí a leerlo para encontrar en la última página un párrafo que decía así: “Hay diversas formas de ver la vida, y todas ellas son interesantes. Siempre me he destacado en literatura, historia, filosofía y retórica, pero el resto de las cosas que ofrece este mundo es realmente un asco. Quizá no valga la pena seguir. Lo único que hago (con placer) es leer, escribir y disfrutar de mi familia y amigos. ¿Valdrá la pena seguir por eso solamente?”

Después de leerlo, nuevamente apareció Bárbara y me dijo: “¿Realmente quiere saber quién fue Ud.?” Le contesté: “No, prefiero seguir adivinando antes que vivir una miseria”.

Desde entonces seguí las instrucciones de Bárbara y no hice más preguntas.

27 de mayo de 2009

EPISODIO DE UN ECLIPSE


Durante un eclipse interminable se encontraba encerrado en su hogar. La luz escaseaba, apenas unas velas quedaban para sobrevivir. Decidió aprovecharlas, darles utilidad y surgió una idea: pensó que sería fantástico si escribía un cuerpo eterno al anochecer. Le tomó unas dos horas pero finalmente terminó su relato. Incoherente como él mismo decidió colocarle como título “Mudo pensaba en el aleteo cósmico”.
Releyó su historia tantas veces como la luz y su vista se lo permitieron para darse cuenta de que no valía la pena. La destrucción del relato debía ser inminente; en lo posible antes de que el eclipse tuviera fin. Buscó fuego y la ventana de la hoguera apareció de lo oculto. Tomó la decisión final y junto con el relato se arrojó al fuego.